En medio de la sala, se producía una escena común en esta familia. El padre veía televisión. La hija adolescente estaba parada en medio de la habitación, pues acababa de ser llamada. La madre se ponía de pie al verla y se disponía a interrogarla.

- ¿Hiciste la tarea cariño? –Preguntó con voz falsamente amable.

- Si, madre.

- ¿Recogiste tu cuarto, aseaste la cocina y adelantaste las clases siguientes? –Preguntó nuevamente.

- También.

- ¿Fuiste a tu clase de gimnasia, a la de italiano y ballet?

- Todo listo –Respondió con aburrimiento– ¿Puedo irme ya?

Su padre la observó con ternura, su madre con suspicacia.

- Déjala irse Madeleine, necesita estar con sus amigos –Intervino el hombre de la casa a favor de su hija, está le sonrió agradecida.

- Espera solo un momento Ben –Le cortó su esposa, sin dejar de mirar a la chica– ¿Recogiste a tu hermano de la casa de su amiguito?

La adolescente abrió los ojos con sorpresa, eso se le había olvidado.

- Kathleen Madeleine Cornish, ¿Dejaste a tu hermano en la casa de su amigo más tiempo del que habíamos acordado? –Su voz tenía tintes histéricos.

- Lo siento madre, se me ha olvidado –Se disculpo esta, esperando la explosión.

- ¿Cómo se te pudo haber olvidado algo tan importante? –Preguntó enojada– La pobre señora Evans habrá tenido que darle de comer. ¡No se puede confiar en ti Kathleen! –Añadió, cargando sus palabras con veneno– Te pido una única cosa, ¡una! ¡¿Y no eres capaz de llevarla a cabo?!

- No volverá a suceder.

- ¡Eso espero! –Siseo– ¡Tienes que aprender responsabilidades!

- ¡Responsabilidades! ¿Te refieres claro –Empezó Kathleen–, a ser la mejor alumna de la clase, con perfecto comportamiento y hábitos saludables, a mantenerme con la cabeza alta aún cuando las lágrimas estén a punto de salir por mis ojos, a saber español, francés, alemán e italiano, próximamente árabe; tener la elegancia de un cisne en ballet y no ser superada por nadie en gimnasia, sin contar con las clases de etiqueta a las que voy los sábados y las de nado, tenis y teatro que acabo de abandonar? ¡Soy la hija perfecta, madre! ¿No te basta con eso?

La temperatura debía haber bajado varios grados, Kathleen nunca se había atrevido a replicar, pero esta vez, la carga sobre sus hombros era demasiada, y no podía cubrirlo todo.